LA OBRA DE LUIS FERNANDEZ  (1974)
EL PINTOR DEL SILENCIO
Al contemplar la obra aparece el  silencio buscado, transmitido, que une ese saber observar y la creación con una aparente mínima dificultad. Cómo plasmar la ausencia de lo ajeno de lo banal en una obra sin dejarla en blanco, tan sólo se logra sabiendo exactamente lo que se quiere transmitir. He ahí donde reside el secreto, el reflejo de una realidad lejana que aún está por venir, o sencillamente ya ha pasado. Cómo algo tan efímero puede ser tan eterno. Cómo podemos percibir ese aroma cuando apenas si se ha esbozado una rosa en un simple papel de estraza... Cómo el silencio de un paisaje suele ser tan rotundo. El observador de la naturleza el buen observador, repara en detalles, los analiza, les sobrepasan, el agobio puede inquiertar su alma. No es el caso, no se trata de un mero imitador de la realidad, la relación existente a posteriori comunica lo esencial, prevalece entonces el espíritu de el artista, no se plasma lo que no interesa. La soberanía de la obra recae la esencia esa esencia íntima, intangible pero constante.

                                                                          Carmen Pellicer Balsalobre
Noria de Miguelico, Blanca                          Noria de los Torraos, Ceutí
Acrílico sobre madera - 186/250 cm.                    Acrílico sobre madera - 186/250 cm.
Noria de la Hoya de D. García - Abarán   Noria de Candelón - Abarán
Acrílico sobre madera - 186/250 cm.                   Acrílico sobre madera - 186/250 cm
La Ñorica de Abarán                                  Noría de Lorquí
Acrílico sobre madera - 186/250                       Acrílico sobre madera - 186/250
       LUIS J. FERNANDEZ, PINTOR DE NORIAS QUE ARAN POZAS,
QUE ELEVAN AGUAS, QUE NACEN HUERTAS, QUE ESPUMAN NIDOS.

1. Lo menos que puede exigirse a un artista es que nos ofreza un mundo. Para ofrecer un mundo hay que tenerlo. Más razón antigua es que un mundo no lo tiene quien quiere, sino quien puede.

2. Tener un mundo implica tomar a la tierra un borroncico de barro para devolverselo enriquecido. El mundo que encirra un borroncico de barro es -como el mar que cantó Verlain- algo que se hace y se deshace a cada instante, que se renace y recomienza eternamente, siempre.

3. El sitio en el arte sólo lo alcanzan los artistas que tienen un mundo. Los demás estan en el arte como de prestado. Usufructan el arte, cuya propiedad se les resiste. Habitan un país que no llega nunca a ser enteramente su patria.

4. Cuando, armado de poderosísimas razones, Pablo Ruiz Picasso tan alta y claramente cacareó "yo no busco, enucentro" estaba advirtiendo al mundo que, en arte el mundo no se busca; que, en arte, el mundo sólo lo encuentra quien saca de si la llave: tremendo artilugio que tanto cierra cmo abre.

5. Legión son los pintores que encontraron un mundo, su mundo, cuando dejaron de ser los demás para ser ellos. El mundo que buscaban fuera acabaron encontrándolo dentro, en los sotanales de esa efusión del espíritu que se nombra natural.

6. Y legión son también los pintores que no encuentran un mundo, su mundo porque buscan fuera lo que ignoran llevar dentro. A quienes están en los otros sin ser nunca en ellos, idealmente se refiere una fabula oriental: "No lamentes que la rosa tenga espinas, celebra que la espina tenga rosas".

7. Convertir en positivo lo negativo es andar al buen camino de encontrar un mundo. Nadie lo tuvo más difícil que Goya y que Van Gogh. Llamados a estar sin ser acabaron siendo lo mucho que son en el arte cuando descubrieron un mundo propio en el que estar, un mundo que sólo a ellos les cupo el valor de holar.

8. Cuando importa saber si alguien es artista lo primero que hay que determinar es si tiene o no tiene un mundo. El que tiene un mundo es un artista. El que no, se va a la imprenta de la esquina y, porque nadie discuta que es lo que en verdad no es, se hace poner bajo el nombre, en las tarjetas la enfática mención: "artista - pintor"  "artista-escultor" o artista lo que coño presuma de ser.

9. Por si alguien tiene a bien oir orientarse en lo oscurso, reiteresé a que artista no es quien se jacta de artista en el papelamen, sino aquel a quien el arte respalda; siendo precisamente éste, el arte, su mejor tarjeta de visita.

10. El artista que se dice artista, necesita proclamar que tiene un sitio en el arte. El verdadero artista simplemente se limita a ocupar el sitio que tiene en el arte: el espacio comprendido en el círculo de tiza trazado que venturosamente ha encontrado.

11. Es el caso, o al menos así me lo parece, de Luis J. Fernández, una de las cabezas de veinticuatro años mejor amuebladas con que me ha sido dado encontrarme en el mundo del arte. Cuando el visitante pide razón suya en el pueblo la gente responde señalando a una empinada calle coronada por chumberas donde ha sacado un palacio de una cuadra el que los vecinos dicen ser "el zagalico que pinta".

12. Tener un sitio donde pintar sitúa al pintor en el buen camino de acabar teniendo un sitio en la pintura. Mientras otros pintores de su edad malbaratan el tiempo mendigando subvenciones oficiales para irse a Nueva York a pintar el río Segura, Luis J. Fernández se pasa las horas muertas en su estudio viendo de determinar el sexo del ángel que los tiempos llaman arte.
Noria de Lorquí                                          Noria Grande de Abarán
Acrílico sobre madera - 186/250 cm.               Acrílico sobre madera - 186/250 cm.
42. Prueba de su natural despierto la encontramos ya en la firma, que es ilegible por no ser clarín, un pedazo más de la pintura. El pintamonas firma los cuadros para que el mundo sepa que los ha pintado él. Ejemplo de buen pintor, Pancho Cossío nos dio una lección que pocos pintores han asimilado: la firma no debe sellar el cuadro como el lacre sella la garrafa, sino estar en el cuadro como el grado en el aceite, ser cuadro mismo.

43. Que la pintura sea aldabonazo, y no lafirma, distingue al pintor del pintamonas. Hay quien firma los cuadros como un notario la escritura, con ampulosidades que denuncian ínfulas ya en la caligrafía. La firma dice de ellos lo que no la pintura. Lo que tales pintores ofrecen no es un mundo sino la rúbrica. Mas dicho quedó al principio que para ofrecer un mundo hay que tenerlo y que un mundo no lo tiene quien quiere sino quien puede.

44. Que Luis J- Fernández tiene un mundo que ofrecernos es por demás evidente. El borroncico de barro que él da a Blanca tomó prestado a la tierra se lo devuelve enriquecido en forma de norias que aran pozas, que elevan aguas, que nacen huertas, que espuman nidos .


                                                                  
Antonio Martínez Cerezo
                                                 
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
13. Desde el sitial que ocupa en lo más del pueblo en que habita y le habita -oye que te oye marchas de Semana Santa, única música que le inspira- ha acabado concluyendo que hacerse de cristal para verse de por dentro es la mejor forma posible de encontrar un mundo de ofrecer al mundo.

14. Y vivi San Juan Evangelisa -amigo, oráculo, consejero, patrono y maestro- que, busca que te busca hasta en Marruecos, el que se reconoce teme como una mula ha acabado encontrando un mundo, su mundo, en las pocas norias que le van quedando a Murcia.

15. Vecino de Blanca -donde el Segura aún se respeta como río- Luis J. Fernández se conoce de memoria -o de corazón, dicho sea a la francesa- todos los lugares de Murcia donde lucen estos artilugios de elevar aguas que la Real Academia Española de la lengua llama azudes o azudas; y nosotros, ruedas, anorias, norias, añoras, ñoras, ñoricas, ñoretas, aceñas, ceñas, cequiles o azacayas.

16. Tomando este material por objeto-subjeto de su pintura, Luis J. Fernández, lleva un largo par de años pintando de sol a sol, sin que nadie sepa ni por pienso lo que pinta porque el artista de Blanca sólo abre el estudio para encerrarse él dentro.

17. Que otros muchos pintores murcianos hayan pintado ese motivo antes que él no resta ni un ápice de originalidad a su proyecto, que, también, es de razón que "el artista ha de mirar donde otros han mirado y ver lo que nadie ha visto".

18. Luis J. Fernández se enfrenta al motivo de la noria espoleado por un convencimiento al que por nada del mundo está dispuesto a renunciar: él no quiere pintar estampas de norias. Ni "cromos" ni "santos", que antes que dar en pintor de bonituras se dedica a la labranza.

19. Lo que a él le peta no es pintar sabrosuras, cuadros que valgan para ilustrar un calendario, adornar un salón o inspirar un orgasmo, sino supeditar el calendario de los diarios afanes el al logro de su exigente propósito, que no es otro que pintar la pura dura noria, la noria desprovista de accesoriedades anecdóticas, desnuda en su desnudez, elefante aún de pie en el cementerio de su imposible redención.

20. Es posible que sus notas defraudan a quienes asocian el tema con detalles exçogenos que han dado en considerarse capitales siendo meros accesorios. Un suponer: las patuleas de huertantos que cantan parrandas de amor a Murcia pisando bancales de acelgas o las macetas que los mal aconsejados ediles plantan en las riberas de los cauces donde hay norias esperando que encarnen geaonios en los lienzos o acuarelas de los que pintan obras que, de puro dulces, parecen chochos de Lorca.

21. Encontrar alardes en la pintura de Luis J. Fernández es no conocer su pintura. El de Blanca no busca convencer por los destellos de que es pintor, sino por la intensidad. Él no pinta para la galería, sino para sí. No pinta para vender y situarse, que a él no le atrae estar en la pintura si no es para ser en la pintura.

22. No le pidan, por tanto, cuadros bonitos, cuadritos al uso y abuso de lo que se estila y vende porque casa de perlas con el taquillón de recibidor, que eso sería tanto osar malearle. Al pintor hay que respetarle que se atreva a ser diferente, que sólo ási acabará siendo en el mundo que se propone ofrecernos para que los compartamos con él.

23. Desprevista de adornos innecesarios, como él la pinta, la noria es más noria, porque es noria y solo noria. La virtud del agua es desvirtual la esencia de la noria: que es arte o ingenio cuya severa estructura de hierro o de madera le confiere una cierta condición de animal que sobrevive al tiempo, la incuria y los desdenes.

24. Una noria abandonada no es menos interesante que una noria en uso. La noria en uso puede ser un perifollo: macetas por aquí, macetas, por allá; geranios por arriba, geranios por abajo; juncias a la derecha, juncias a la izquierda. Tarde o temprano, la noria en uso acaba dando en estampa costumbrista, en decorado de zarzuela. La noria abandonada, en cambio, es una afrenta que al hombre hace su criatura, el remordimiento histórico del paisaje, el purto lamento de la tierra.
25. El animal ocupa el paisaje; el hombre, lo modifica. Por lo cual mantengo, sin que se me acabe de entender, que "la arquitectura es la huella de hombre que le sobra al paisaje ". En el paisaje, como en todo, lo que hace falta sobra. Ante las norias que pinta Luis J. Fernández, la desnudez del ingenio proclama que no sobra la noria sino que falta trabajo.

26. La noria es arte en que coincide el utilitarismo con la belleza, un artilugio que abraza los cuatro elementos que nombraron los antiguos. La noria es tierra por el pie que la sostiene, agua por el cauce al que debe el venturoso giro, viento por el vuelo que produce la cascada y fuego por el riego que preña la tierra con su generoso apretón de levadura.
27. Que Luis J. Fernández se aparte de las norias más reproducidas (la de La Ñora y la de Alcantarilla) ya es como un aviso de la juiciosa rebeldía. El no busca escenarios afeitados, sino espacios naturales. De ahí que prefiera la Ñorica de Abarán, que es como una noria de bolsillo. O la de Lorquí, que canta en un lenguaje tan antiguo que no conoce las vocales.

28. Tampoco es amigo Luis J. Fernández de pintar las norias en los colores y tamaños más habituales. Enemigo del colorín, se alía con lo monocromo; y, lejos del cuadro de pequeño formato o tabletín, se enfrenta a los tamaños más intratables.

29. La monocromía es uno de los rasgos que más distinguen su arte. Frente a sus obras uno tiene la impresión de hallarse ante la radiografia de una obra antigua. El pintor pinta y resuelve como la grisalla, técnica en desuso que se define como "primer esbozo de un cuadro, en que las partes claras quedan sin pintar y las sombras tienen un tono único ".

30. y lo que sorprende en su técnica tan académica la practique un pintor que lejos de pasar por la Academia, a aprendido a pintar pintando. Un autodidacto en estado químicamente puro. Un intuitivo que encuentra lo que otros buscan.

LAS NORIAS